En medio del histórico Barrio
Dieciocho, en pleno centro de Santiago, una de las construcciones patrimoniales
más singulares de la capital volvió a abrir sus puertas. Se trata de la Casa
Larraín Bravo, inmueble levantado en 1906 y que hoy renace con una propuesta
gastronómica y cultural que busca combinar patrimonio, arquitectura y café de
especialidad.
En sus inicios, la casona fue
encargada por Carlos Matte al arquitecto Ricardo Larraín Bravo cuando este
tenía apenas 26 años. El inmueble destaca por su inspiración ecléctica y
neogótica, una característica poco común en la arquitectura santiaguina y que
la convierte en una pieza excepcional dentro del paisaje urbano de la capital.
Larraín Bravo, formado en París, fue uno
de los arquitectos más relevantes del Chile de comienzos del siglo XX. Entre
sus obras más reconocidas figuran la Iglesia de los Sacramentinos, la Población
Huemul I, el Palacio Íñiguez y diversos edificios del barrio París-Londres.
Hoy, más de un siglo después de su
construcción, el edificio vuelve a integrarse a la vida urbana gracias a un
proceso de recuperación liderado por la arquitecta y restauradora Mabel
Briceño, propietaria del inmueble y miembro del directorio de la Corporación
Patrimonio Cultural de Chile.
El espacio fue adaptado para
albergar Casacien, cafetería que tuesta su propio café y que convierte la
experiencia gastronómica en un recorrido por la historia arquitectónica de
Santiago. Techos altos, ornamentación detallada y una atmósfera solemne transforman
la visita en una experiencia que mezcla pasado y presente.
Una joya capitalina
Para Jorge Atria, académico de la
Facultad de Arquitectura y Ambiente Construido de la Universidad de Santiago,
la reapertura representa “un evidente gesto de reconocimiento para el
patrimonio urbano arquitectónico de Santiago”.
El especialista señaló a Diario Usach que iniciativas como esta permiten “poner
en valor este maravilloso edificio” y ayudan a consolidar un sector de la
ciudad donde existen construcciones patrimoniales que muchas veces permanecen
“relativamente escondidas y un poco abandonadas básicamente por el alto costo
que implica intervenirlos y conservarlos”.
Atria también destacó el valor
estilístico de la obra y explicó que la casona corresponde a una de las
expresiones más notables de arquitectura neogótica en Chile.
“Este edificio tiene la
particularidad que es un edificio que uno lo podría calificar como neogótico”,
indicó el académico, agregando que el inmueble incorpora elementos decorativos
y espaciales propios de la tradición europea, adaptados al contexto urbano
santiaguino de comienzos del siglo XX.
Estos edificios son un prodigio
arquitectónico”, sostuvo el académico Usach, enfatizando que este tipo de
construcciones surgieron gracias al trabajo de arquitectos nacionales y
extranjeros vinculados a las familias más acomodadas de la época.

