Vie. May 8th, 2026

su Visitación llega al Museo del Prado

Pontormo. La Visitación, hacia 1528. Iglesia parroquial de San Michele Arcangelo de Carmignano (Prato), Diócesis de Pistoia

De sus colores dijo Pasolini que no eran tales, sino alientos, alientos delicados, desiguales y potentes, como las ruinas imborrables de un incendio. E incluso trató de llevarlos a su cine (Rogopag, en La Ricotta).

Pontormo, nacido en 1494 en la ciudad de la que lleva el nombre, como Jacopo Carucci, vivió fundamentalmente en la primera mitad del siglo XVI, cuando el Renacimiento en Italia ya había alcanzado sus cimas, Rafael Miguel Ángel habían dado prueba de su genio, y se gestaban las bases del manierismo.

Se formó en el entorno artístico de Florencia, donde residió y fallecería, y fue discípulo de Andrea del Sarto: este ambiente lo llevó a consolidar muy pronto un lenguaje personal caracterizado por las composiciones novedosas, las figuras estilizadas y una viva expresividad emocional. Muy buen dibujante, sus líneas serpentean hacia todas las direcciones, dando lugar a arabescos y continuidades, sorpresas y zonas más claras. Las suyas son escenas espirituales, pero también nerviosas; buscó la trascendencia, pero no temió al artificio.

En la década de 1520 realizó algunas de sus obras más importantes, entre ellas los frescos de la Cartuja de Galluzzo y la decoración de la Capilla Capponi en Santa Felicita, en la citada Florencia, cuya Deposición es una pieza maestra del Renacimiento tardío.

De entonces, de los años 1528-1530, data también La Visitación, que hoy se ha presentado en el Museo del Prado, en su sala 49, gracias a un préstamo excepcional de la iglesia parroquial de San Michele Arcangelo de Carmignano (Prato), perteneciente a la diócesis de Pistoia, de cuya rectoría procede. Rara vez ha viajado fuera de ese lugar, que actualmente está siendo remodelado, y antes de recalar en Madrid, donde permanecerá hasta el 18 de junio, ha pasado esta composición por la Villa Medicea de Poggio a Caiano.

Desplegó Pontormo en esta tela su interpretación sofisticada y muy personal del encuentro entre la Virgen María y su prima Isabel, narrado en el evangelio de san Lucas. Curiosamente, pese a su relevancia, contamos con escasa documentación de la pieza: Giorgio Vasari no la cita en sus Vidas (1568) y existen pocas referencias posteriores, de ahí que pasara casi desapercibida hasta principios del siglo XX.

Desconocemos detalles sobre el encargo de la obra, que se ha vinculado a menudo a la familia Pinadori, compuesta por comerciantes florentinos de pigmentos. Es bastante probable, en todo caso, que durante un tiempo esta pintura se guardara en un ámbito privado antes de instalarse definitivamente en la iglesia de Carmignano, donde se ubicaba con seguridad a partir del siglo XVIII.

Pontormo nos ofrece aquí una interpretación absolutamente original de este capítulo: vemos cuatro figuras femeninas, monumentales en sus dimensiones y alargadas, situadas en un espacio ambiguo; así solían ser los de este autor.

La disposición de las figuras se ha relacionado con el grabado de Durero Cuatro mujeres desnudas (1497), mientras que el gesto del abrazo entre la Virgen e Isabel remite a la dextrarum iunctio, el símbolo de unión empleado en relieves romanos y utilizado también por Rafael en la Visitación de este artista que atesora el Museo del Prado.

La presencia de las dos figuras del segundo plano y de los pequeños personajes que animan el fondo urbano —dos hombres que conversan, un burro asomado en una esquina y una mujer en una ventana— hacen de este espacio un decorado arquitectónico próximo a las representaciones de la città ideale, que en este caso funciona como un telón escenográfico que acentúa la sensación de suspensión y movimiento; el dinamismo manierista.

La paleta, que nos ofrece matices poco habituales y capas translúcidas, es clave en la composición. La sensación de ingravidez que envuelve a las figuras tiene su contrapunto en el peso escultórico de los tejidos, cuyos pliegues parecen haber sido tallados en piedra y dejan atisbar el contrapposto suave de los cuerpos.

La iluminación, por su parte, subraya un cierto carácter de relieve pictórico de la obra, que se ha interpretado como una referencia al debate renacentista del paragone, en el que Pontormo se implicó activamente.

Desde el punto de vista técnico, esta Visitación es un óleo sobre tabla formado por cinco paneles de madera de álamo. Los análisis recientes han confirmado la cercanía material y cronológica de la obra con la citada Deposición de la Capilla Capponi de Santa Felicita, las dos, cumbres florentinas.

La pieza llega en el marco del programa expositivo La obra invitada y también coincidiendo con la capitalidad cultural de L’Aquila en el contexto italiano este 2026; el Prado, en contrapartida, también será generoso: prestará La Visitación de Rafael.

Pontormo. La Visitación, hacia 1528. Iglesia parroquial de San Michele Arcangelo de Carmignano (Prato), Diócesis de Pistoia
Pontormo. La Visitación, hacia 1528. Iglesia parroquial de San Michele Arcangelo de Carmignano (Prato), Diócesis de Pistoia
Imagen de La Visitación en las salas del Museo del Prado. Fotografía: © Museo Nacional del Prado.
Imagen de La Visitación en las salas del Museo del Prado. Fotografía: © Museo Nacional del Prado.

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