Por Pamela Araya Ruiz, director de Psicopedagogía
UNAB.
En la escuela, muchas veces se piensa que las
matemáticas son solo hacer cálculos o aprender fórmulas de memoria. Sin
embargo, el razonamiento matemático va mucho más allá, es una habilidad que
permite a niños y niñas pensar, comprender relaciones, trabajar con números,
estimar y resolver problemas de la vida cotidiana. Al desarrollarlo, no solo
aprenden matemáticas, sino que también fortalecen su forma de pensar: aprenden
a reflexionar, a darse cuenta de cómo están aprendiendo y a buscar distintas
maneras de resolver una situación.
En otras palabras, el razonamiento matemático ayuda a
formar personas que piensan, analizan y toman decisiones de manera más
consciente y autónoma. El logro de los aprendizajes matemáticos no surge de la
nada; se construye sobre habilidades preparatorias que entregan la base sólida para
asentar futuros aprendizajes.
Desde la Educación Inicial, es fundamental
trabajar la capacidad de reconocer pequeñas cantidades a primera vista
(subitización), el conteo uno a uno, correspondencia, orden estable, cardinalidad,
la comparación de cantidades (magnitudes), etc.
El razonamiento requiere un
lenguaje matemático preciso, lo que permite a los alumnos no solo hallar
respuestas, sino explicar sus decisiones y construir argumentos lógicos,
generando así conocimientos matemáticos claves.
Un pilar fundamental en este proceso es el aprendizaje
de la recta numérica mental. Este modelo interno permite a los estudiantes
visualizar la magnitud de los números, determinar estrategias de resolución y
evaluar si sus resultados son razonables.
Al desarrollar esta «imagen
mental», los alumnos logran una comprensión unificada del sistema
numérico, lo que facilita enormemente la transición hacia temas complejos como
las fracciones, los números negativos y el álgebra en la secundaria.
¿Cómo debemos abordar esto en las aulas? La enseñanza
debe ser explícita y gradual, promoviendo un vocabulario matemático rico y
situaciones de aprendizaje multisensoriales. Es vital fomentar la
metacognición, logrando que el alumno sea activo en su propio proceso de
aprendizaje y ser consciente de por qué elige determinados procedimientos o
decisiones.
![]() |
| Pamela Araya Ruiz |
Al plantear retos que exijan operar y resolver problemas desde los
primeros años, dotamos a nuestros estudiantes de la independencia necesaria
para desarrollar sus propios métodos de solución, sintetizar el conocimiento
por su propia experiencia e incorporar las estrategias más eficientes que le
permitan agilizar el cálculo y comprender relaciones más complejas.
En conclusión, el razonamiento matemático no es un
objetivo secundario, sino la base que permite a los estudiantes comprender y
apropiarse del mundo que los rodea. Debemos estar siempre atentos como padres y
docentes para atender a los predictores del aprendizaje matemático, que nos
podrían dar indicios de posibles dificultades.




