Málaga,
En un par de años se cumplirán cuatro siglos desde la muerte en Valencia de Francisco Ribalta, el artista catalán formado primero en El Escorial, gracias a la producción de los autores españoles e italianos que allí trabajaban. De su mano llegó a hacerse dueño de un estilo ecléctico en el que podemos encontrar referencias a la retórica de Cincinato, los escorzos de Tibaldi, la severidad de Bartolomé Carducho, la tendencia al drama de Navarrete y los juegos lumínicos de Cambiaso.
En un principio acudió a Madrid, donde se empleó entre 1585 y 1598: aquí pintó obras religiosas y retratos, contrajo matrimonio y tuvo dos hijas y después un hijo, Juan, que alcanzaría a ser un pintor relevante. En 1599, dos años después de nacer este último, se marchó a residir en Valencia, seguramente animado por las demandas artísticas del patriarca arzobispo Juan de Ribera.
No volvería a moverse de esta ciudad, donde consolidó un lenguaje cada vez más personal y ligado al naturalismo. Entre 1603 y 1606 vivió en Algemesí, donde llevó a cabo varios retablos para su iglesia, entre ellos el mayor, y a continuación fue llamado por el arzobispo Ribera para volcarse, en su capilla del Corpus Christi, en el Retablo de san Vicente Ferrer (1605) y en el gran cuadro de La Cena del retablo mayor.
Ya desde 1610, expulsados los moriscos y fallecido ese arzobispo, sus creaciones tomaron un cariz intimista y profundo, muy vinculado al talante piadoso de la Contrarreforma; a veces se inspiró en la seriedad solemne de algunos modelos de Sebastiano del Piombo que pudo conocer sin salir de Valencia, y que llegó a alternar con un lenguaje realista y directo para el que se mostraría muy dotado.
También su paleta devino más austera, y sus figuras perdieron en gesticulación para ganar en intensidad expresiva. Con él trabajó en la segunda década del siglo XVII su discípulo Vicente Castelló, que imitaba su estilo y llegó a contraer matrimonio con una de sus hijas, y su propio hijo Juan Ribalta, que en 1615 ya firmaba sus propias obras. Los tres integraban un equipo artístico muy sólido y prolífico.
Em sus últimos años, sus composiciones se hicieron más intensas y emotivas, adentrándose en un naturalismo profundo. Junto a su hijo y Castelló trabajó en el gran retablo de la cartuja de Portaceli, con partes inacabadas, y murió en 1628, sólo unos meses antes que su hijo Juan, que apenas había cumplido los treinta.


A ambos les dedica desde hoy una muestra el Museo Carmen Thyssen malagueño, en su Sala Noble: las diez pinturas que la integran proceden de los fondos del Museo de Bellas Artes de Valencia y han de entenderse, como dijimos, en el contexto de una Contrarreforma que había establecido que el propósito de la representación artística había de ser empujar a las almas hacia la fe: enseñando, deleitando y conmoviendo en el camino desde lo real; si era necesario, desde lo real descarnado.
Las composiciones reunidas tienen en común su temática religiosa -veremos escenas bíblicas y retratos de santos- y también el patetismo y la emoción que los Ribalta hicieron compatibles con la descripción realista de las escenas.
Si Ribalta padre fue modelando su estilo a partir de la pintura mural y de sus inicios tardomanieristas, y captando aquella conjunción de naturalismo y teatralidad lograda mediante la luz de maestros como Caravaggio, Ribera u Orrente, su hijo apenas pudo tener, en su vida breve, otra fuente más próxima que la de su progenitor, a cuyo taller estuvo siempre vinculado. Tanto que sus obras han llegado a confundirse.
Sin embargo, podemos atisbar que su apuesta por el naturalismo de sello caravaggista fue tan o más decidida que la de Ribalta padre y sabemos que la contemplación, en la catedral valenciana, del Martirio de san Sebastián de Orrente, bregado en Italia, lo animarían a profundizar en el aspecto monumental de sus figuras y en los juegos lumínicos.
Pero sus inquietudes fueron más allá: ejemplo de pintor intelectual, fue elogiado por el poeta Gaspar de Aguilar y el humanista Diego Vich le encargó varias imágenes para el monasterio jerónimo de La Murta.


“Los Ribalta y el barroco naturalista”
C/ Compañía, 10
Málaga
Del 22 de mayo al 4 de octubre de 2026
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