Rusia siempre ha ganado y ganará, afirmó el presidente ruso, Vladímir Putin, en su tradicional discurso durante la celebración del 81.º aniversario de la victoria de la Unión Soviética sobre la Alemania nazi en la Gran Guerra Patria (1941-1945).
«La victoria siempre ha estado y siempre estará de nuestro lado«, declaró Putin, transmitiendo sus felicitaciones al pueblo ruso y a los presentes en el desfile.
«Nuestra causa es justa. Estamos juntos», continuó el mandatario.
En este contexto, el presidente señaló que «la gran hazaña de la generación vencedora inspira a los militares que hoy cumplen las tareas de la operación militar especial». «Se enfrentan a una fuerza agresiva que es armada y apoyada por todo el bloque de la OTAN. Y, a pesar de ello, nuestros héroes avanzan», dijo.
«Junto a los militares rusos están los obreros y los diseñadores, los ingenieros, los científicos y los inventores. Ellos continúan las tradiciones de sus predecesores y, apoyándose en la experiencia moderna de combate, crean modelos avanzados y únicos de armamento y despliegan su producción en masa», detalló.
Según Putin, por mucho que cambien la tecnología y las formas de hacer la guerra, «lo principal sigue siendo inmutable: el destino del país lo deciden las personas. […] Todos los ciudadanos de Rusia».
«La garantía del éxito es nuestra fuerza moral y ética, nuestro valor y heroísmo, nuestra cohesión y nuestra capacidad de resistirlo todo. Superar cualquier prueba. Tenemos un objetivo común. Cada uno aporta su contribución personal a la Victoria. Se forja tanto en el campo de batalla como en la retaguardia», resumió.
Hazaña del pueblo soviético
El gran papel histórico que jugó la Unión Soviética en su lucha contra el nazismo tuvo un costo inconcebible. El país perdió 26,6 millones de personas en la devastadora contienda y aproximadamente un tercio de su riqueza nacional.
Además, todos los ciudadanos de la URSS sufrieron enormes daños físicos y morales; el nivel de vida en el país cayó drásticamente. La guerra provocó elevadísimos gastos, trastornó los procesos de producción, derrumbó los indicadores económicos y demográficos.
Las batallas clave de la Gran Guerra Patria —como la de Moscú (1941-1942), la de Stalingrado (1942-1943) y la de Kursk (1943)— fueron decisivas para derrotar a la maquinaria bélica de la Alemania nazi y liberar un gran número de países, culminando con la toma de Berlín en 1945 y el izado de la bandera soviética sobre el Reichstag.

