Vie. Jun 5th, 2026

Richard Avedon en Fundación Mapfre, el oeste como necesidad

Richard Avedon. Ronald Fischer, beekeeper, Davis, California, May 9, 1981. The Richard Avedon Foundation

Corría 1978 cuando el director entonces del Amon Carter Museum texano, Mitchell A. Wilder, dio con un retrato que Richard Avedon había realizado del capataz de un rancho (se llamaba Wilbur Powell) y propuso a este fotógrafo, que para entonces había realizado otros originalísimos de  Capote,  Miller,  Bogart o Marilyn Monroe, dar continuidad a ese trabajo fijándose en gentes del oeste de Estados Unidos. Finalizado el proyecto, éste había de mostrarse en ese centro de Forth Worth, en cuyo archivo se guardarían los negativos originales y un set de copias.

Wilder murió al año siguiente, en 1979, pero el equipo del museo tuvo el suficiente olfato para no enterrar la idea; gracias a ellos, Avedon dedicó los veranos siguientes a fotografiar en aparcamientos, corrales o ferias a individuos invisibles que, como el mismo artista señaló, levantaban con su trabajo el país. Fotografió a más de setecientas personas, que en la publicación última quedaron reducidas a ciento veinticuatro, ante fondos blancos (papel fijado a alguna pared): su luz no es de estudio, es la propia del oeste americano. Sabemos, además, que el autor no veía la imagen en el momento de la toma: no miraba a través de la lente, sino a los ojos del modelo, con la mano en el disparador.

Richard Avedon. Ronald Fischer, beekeeper, Davis, California, May 9, 1981. The Richard Avedon Foundation

Richard Avedon. Ronald Fischer, beekeeper, Davis, California, May 9, 1981. The Richard Avedon Foundation

Richard Avedon. Jesse Kleinsasser, pig man, Hutterite colony, Harlowton, Montana, June 23, 1983. © The Richard Avedon Foundation

Richard Avedon. Jesse Kleinsasser, pig man, Hutterite colony, Harlowton, Montana, June 23, 1983. © The Richard Avedon Foundation

De oficios corrientes y muy diversos, y en algún caso sin ninguno, miran a cámara con naturalidad (más o menos desconfiados, más o menos cómodos) y entre unos y otros, que no se conocían en absoluto, el espectador podrá establecer relaciones físicas o psicológicas que surgirán entre las imágenes de forma orgánica. Serán relaciones paradójicas, porque unos y otros no tendrán las mismas inquietudes respecto a las fotos, a su vez diferentes a las del fotógrafo; señaló Avedon: Seguro que la necesidad del retratado de defender su causa es tan intensa como la que tengo yo de defender la mía, pero quien controla la situación soy yo.

Controlaba, asimismo, la selección de sus modelos, aunque contara con ayuda: elegía a los fotografiados de forma subjetiva, siempre entre individuos ignorados, jamás arreglados para la ocasión y en cuyos rostros son raras las sonrisas; habitan lugares poco poblados a lo largo de una veintena de estados y, con toda seguridad, muchos estarían siendo retratados por primera vez.

Frente a sus colaboraciones en el campo de la moda para Newsweek o Conde Nast, suponen de forma muy evidente un alejamiento de su territorio conocido: Avedon acude al oeste por impulso personal, puede que buscando renovarse, pero quizá también desde el anhelo de autenticidad; es posible que, para él, el barro fuera una necesidad. Comprometido con los derechos civiles y contra la discriminación, quizá para él fuese un camino natural fijarse en las primeras víctimas de la crisis del petróleo y la desindustrialización, el reverso de Dinastía y Dallas; cuando Rebecca Solnit vio por primera vez estas obras, en 16, confesó experimentar un shock ligado al rechazo, por parecerle crueles, pero enseguida tomó conciencia de que sus caras podían ser las de muchos con quienes se cruzaba por la calle.

Temática al margen, es cierto que a Avedon le atrajeron progresivamente, y cada vez más, las imágenes modestas (frontalidad, luz neutra, fondo claro) y estaba convencido de que su expresividad dependía de la mirada del fotógrafo y no de la mirada y los detalles. Esto no quiere decir que su elaboración fuera rápida; a veces incluso requería segundas sesiones: la sencillez no equivale a la ausencia de sofisticación. La puesta en escena – salvo en casos muy concretos, como el del apicultor cubierto de abejas- parece diluirse, pero ha sido construida, aunque resulte casi invisible.

A propuesta de la Fondation Henri Cartier-Bresson de París (e imprimiendo un cierto giro a una programación basada en retrospectivas), la Fundación Mapfre exhibe ahora en Madrid este proyecto, que daría lugar a uno de los fotolibros esenciales del siglo pasado, en la senda de los que también dedicaron a la población estadounidense Walker Evans (American Photographs) y Robert Frank (The Americans, expuesto ahora en la Fundación Telefónica), en distintos momentos históricos. Avedon fue más consciente que sus predecesores de lo que la fotografía tenía de ficción.

Es la primera vez que se expone al completo en Europa esta serie sobre personas que parecen llevar el oeste en la cara y a quienes este autor se aproximó con cercanía, respeto y una cierta admiración que tiene mucho de statement político.

Richard Avedon. Petra Alvarado, factory worker, on her birthday, El Paso, Texas, April 22, 1982. The Richard Avedon Foundation

Richard Avedon. Petra Alvarado, factory worker, on her birthday, El Paso, Texas, April 22, 1982. The Richard Avedon Foundation

Richard Avedon. David Beason, shipping clerk, Denver, Colorado, July 25, 1981. The Richard Avedon Foundation

Richard Avedon. David Beason, shipping clerk, Denver, Colorado, July 25, 1981. The Richard Avedon Foundation

Richard Avedon. Boyd Fortin, thirteen-year-old, Sweetwater, Texas, March 10, 1979. The Richard Avedon Foundation

Richard Avedon. Boyd Fortin, thirteen-year-old, Sweetwater, Texas, March 10, 1979

 

«Richard Avedon- In the American West, 1979-1984»

FUNDACIÓN MAPFRE

Paseo de Recoletos, 23

Madrid

Del 4 de junio al 30 de agosto de 2026

 

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