El año pasado falleció, justo en el año de su centenario, Gustavo Torner, artista apegado a Cuenca, como Góngora a su nariz, porque allí nació y porque formó parte del grupo al que dio nombre la ciudad, nacido en los años cincuenta y muy próximo a los autores del colectivo El Paso, que le fue contemporáneo. Junto a Gerardo Rueda y Fernando Zóbel, ejemplificó Torner la posibilidad de un arte que no pierde sus referencias al mundo real como motivo y como fundamento, por más que se valiese de un vocabulario plástico abstracto.
Utilizó registros y técnicas muy diversos – pintura, escultura, collage, dibujo, monotipos- dominados por un elevado sentido de la construcción y de la composición espacial, pues partía habitualmente de la idea de collage para elevarla a la de ensamblaje. Se hace evidente en la configuración de sus dípticos y polípticos, algunos de ellos concebidos como homenajes plásticos a Jorge Manrique o T.S.Elliot, pero también en la de sus esculturas. En la base de sus métodos subyace su voluntad de repensar la esencia física de la obra de arte y la de conferir significación a cada fragmento que la compone.
Formado en ingeniería forestal, sus primeros trabajos, fechados en los cuarenta y los cincuenta, fueron láminas de botánica realizadas a la acuarela y un conjunto de fotografías cuyo tema era la naturaleza retratada en primer plano (troncos de pino y álamo, paredes enyesadas, raíces, rocas y matorrales secos). En esas imágenes fotográficas, en teoría tan distantes del grueso de su producción, se halla, sin embargo, el germen de sus primeras pinturas, que por sus títulos y por el proceso pictórico remiten a una obsesiva recreación del paisaje, sus colores y sus superficies.
Hablando de sus pinturas, desde finales de los años cincuenta junto al óleo hizo uso de otros materiales no artísticos, como la arena, el feldespato, el cáñamo, el látex o el aluminio. Asimismo, creó una rígida estructura compositiva en sus lienzos al dividir la superficie pictórica en dos campos: en el superior, más extenso, desarrollaba un campo de color, mientras que en el inferior concentraba la experimentación matérica y casi agotaba los recursos expresivos de los materiales. Tanto por sus procesos como por la incorporación de trozos de realidad a la obra, se acercaba Torner a las corrientes internacionales del Informalismo y del Nuevo Realismo. En lo relativo a su labor como escultor, tanto en piezas de carácter monumental como en las de menores dimensiones, no esquivaba la complejidad conceptual y técnica, sino todo lo contrario.

Gustavo Torner. La armonía secreta del pensamiento. Fundación Bancaja

Gustavo Torner. La armonía secreta del pensamiento. Fundación Bancaja

Gustavo Torner. La armonía secreta del pensamiento. Fundación Bancaja
Su trayectoria al completo la revisa ahora la Fundación Bancaja en su sede valenciana, en una muestra comisariada por Alicia Vallina y titulada “La armonía secreta del pensamiento”. Sigue sus pasos desde aquellos inicios figurativos hasta sus composiciones últimas extremadamente simplificadas, pasando por el grueso de su creación abstracta.
Son cuarenta sus obras reunidas, datadas a lo largo de medio siglo (desde 1955 a 2004) y representativas de esos medios diversos en los que se ejercitó. Procedentes de colecciones privadas y públicas españolas, se estructuran aquí en cuatro secciones a partir de otros tantos conceptos estéticos: la geometría como orden místico, la relación entre materia y vacío, la transversalidad creativa y la poética del silencio.
Lenguajes y datación al margen, todas tienen en común su origen: la observación minuciosa del mundo natural sin pretender su reproducción, sino la captación de sus estructuras internas, en buena medida invisibles a nuestros ojos, y de sus ritmos.

Gustavo Torner. La armonía secreta del pensamiento. Fundación Bancaja

Gustavo Torner. La armonía secreta del pensamiento. Fundación Bancaja

Gustavo Torner. La armonía secreta del pensamiento. Fundación Bancaja

Gustavo Torner. La armonía secreta del pensamiento. Fundación Bancaja
Gustavo Torner. «La armonía secreta del pensamiento»
Plaza de Tetuán, 23
Valencia
Del 19 de junio al 20 de septiembre de 2026
