Mié. May 20th, 2026

Séptima región la nueva novela de Nicolás Poblete que nos arrastra hacia el abismo que caracteriza a las sectas

 Las sectas se caracterizan por su
jerarquía, en cuya cima encontramos a un carismático líder que ejerce un poder
increíble en sus discípulos. Basta pensar en Charles Manson, a cargo de “La
familia”, en California; en David Koresh, autoproclamado profeta que se creía
el nuevo Cristo y que causó la muerte de 72 personas en Waco, Texas en 1993; o
en Jim Jones, fundador de “El Templo del Pueblo”, pastor evangélico quien, en
1978, en un lugar remoto de Guyana, llevó a la muerte a 918 personas.

En Chile es conocido el caso de “Antares
de la luz”, secta que en el 2012 cometió un brutal crimen al quemar vivo a un
recién nacido en una hoguera, ya que, según su líder, que aseguraba ser la
reencarnación de Dios, el bebé era el “anticristo”.

Pero ¿qué ocurre cuando la secta está
formada por solo dos personas? ¿Un discípulo y su maestro? Es lo que vemos
en Séptima región a partir de la dupla Renato y Eneas. Renato,
terapeuta ocupacional, ha quedado viudo a los cuarenta años y se halla en un
estado de profunda vulnerabilidad.

Su crisis, derivada de un sentimiento de
culpa extremo, lo lleva a aceptar la invitación de un ex colega que ha optado
por una vida ascética en un sector rural de la llamada “Séptima región”.

Eneas convoca a Renato a su morada y, a
partir de ahí, se desarrolla un terrible y alucinante proceso de expiación
donde vemos en pleno funcionamiento el lavado de cerebro que ocurre en una
secta: las trampas mentales se mezclan con la culpa del acólito, que, rayando
en el masoquismo, se somete a feroces y exponenciales pruebas dispuestas por su
maestro, quien ejerce una seducción irresistible, una verdadera hipnosis que lo
hace ingresar en una dimensión inédita que desestabiliza todas sus creencias.

Séptima región es un lugar que ya no
existe y que se desarrolla en el paisaje rural correspondiente a la Región del
Maule, donde la naturaleza acusa el peligro de su extinción. Pero la séptima
región es, también, aquella área en nuestro cerebro que nos ayuda a procesar
información somatosensorial.

Prestando especial atención a los
estímulos que reconocemos gracias a nuestros sentidos, Nicolás Poblete crea un
universo rico en percepciones y alucinaciones, repasando nociones
antropológicas y ritos ancestrales, para hablar de un fenómeno que está mucho
más cerca de lo que creemos.

Reacciones a Séptima región.
 
“Después de un accidente que fractura hasta la médula, después de una pérdida
irreparable, después de los sueños que se confunden con las pesadillas, siempre
queda algo: el miedo que acelera el corazón, que recuerda que, entre la carne,
los huesos y los analgésicos, hay una vida precaria que sigue latiendo.


En Séptima región, Nicolás Poblete se inmiscuye en una vida así de
liminal, la de un hombre transparente como papel de arroz, porque sus pérdidas
han sido muchas: Renato.


En esa coyuntura, la escritura de Poblete descompone —como un vidrio de bordes
finos, el sol— la siquis de quienes, en la vulnerabilidad, se aferran, como su
Renato, a líderes carismáticos; de esos que, tras la catástrofe, prometen
reinos luminosos. Con frases limpias como las del Apocalipsis, aquí, ese líder
se llama Eneas, pero a diferencia del clásico, este, el que ausculta la
escritura de Poblete, conduce a un purgatorio”.
–Cristián Opazo
 
“Nicolás Poblete incursiona con lúcida maestría en la búsqueda de la
trascendencia a partir de una realidad física privada de sentido, reconvertida
en un tránsito inevitable hacia ‘la disolución del yo’, de quien vislumbra el
retorno a la esencialidad existencial, por sobre las constreñidas limitaciones
humanas y que, en el esfuerzo compartido de una solidaridad necesaria,
atraviesa la materia e ilumina parte imprescindible del trayecto humano”.
–Juan Mihovilovich 
 
“Nicolás Poblete nos tiene acostumbrados a su prosa pulcra y poética, así como
a una arquitectura cuidadosa, finamente armada en cada una de sus novelas.
En Séptima región se adentra en el mundo del duelo y en el proceso de
la sanación, donde la naturaleza, la sabiduría ancestral y la búsqueda interna
permiten avanzar por las paredes resbalosas de los muros que encierran a las
personas cuando enfrentan una pérdida.

 La
mano del otro que guía, que conforta y a la vez confronta, esa mano que escarba
en las entrañas de la memoria es finalmente la guía para salir del abismo y ver
una luz, cualquier luz, pero al menos un destello que ilumine hacia la ruta de
salida”. –Beatriz García-Huidobro

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