Londres,
Dicen que su talante era encantador a la vez que impetuoso: sus relaciones sociales y con otros artistas fueron controvertidas y era frecuente que sus ecos llegaran al público. De hecho, él mismo se encargó de que lo hicieran sin intermediarios: en 1890 publicó El sutil arte de crear enemigos.
Nacido en 1834 en Lowell, Massachusetts, entonces una ciudad textil en rápido crecimiento, Whistler tuvo una infancia internacional: a los nueve años, a cuenta del trabajo de su padre, ingeniero, se trasladó a San Petersburgo y allí permaneció el futuro artista durante seis años, hasta que su progenitor falleció tras contraer cólera. La familia retornó a Estados Unidos, pero haciendo escala en Londres: vivió brevemente Whistler con la familia de su hermanastra, los Seymour Haden, en Sloane Street; esta estirpe de coleccionistas y grabadores fomentaron su interés por la creación y, una década después, se encontrarían entre sus primeros retratados.
En los años cincuenta, el entonces joven autor completó su formación y cultivó también su espíritu rebelde. Expulsado de la academia militar de West Point, abandonó su país y se marchó a París en 1855 atraído por la vida bohemia. Tras matricularse en la École des Beaux-Arts, comenzó a forjarse un círculo de amigos artistas, entre ellos Edward Poynter y el escritor George du Maurier, quien más tarde lo satirizaría con saña a través del personaje de Joe Silbey en su novela Trilby (1894).
Tras una cena con Alphonse Legros y Henri Fantin-Latour en 1858, aquellos quedaron tan impresionados por Whistler que disolvieron otro grupo de artistas recién fundado para componer con él la Société des Trois. El trío se vio impulsado por una exposición en el estudio del pintor François Bonvin en 1859, que incluía obras que este autor realista consideraba que no deberían haber sido rechazadas en el Salón de París. No fue hasta 1863 cuando el trío causó sensación en el Salón de los Rechazados de ese año, creado por Napoleón III para apaciguar a los artistas contemporáneos cuyos estilos no complacían al jurado oficial. En poco tiempo, se volvió más popular que ese estirado Salón oficial.
Whistler expuso allí su Sinfonía en blanco, n.º 1 (1862), que representaba a su amante, la artista y modelo Joanna Hiffernan, quien también solía posar para Courbet. En una carta escrita a Fantin-Latour en 1867, el americano, quien en su momento había elogiado al autor de El origen del mundo, terminó despotricando contra él contra “ese maldito realismo”, lamentando no haber podido contar nunca con el entonces recientemente fallecido Ingres como maestro. Aquel cambio de posición supuso un giro radical para un artista ubicado en el corazón de la vanguardia parisina.
A medida que su carrera despegaba, Whistler fue distanciándose de la Société des Trois, que se diluyó diez años después de su arranque. No fue un desenlace bien avenido: se enemistó con Legros y otros miembros de su círculo, prometiendo no volver a presentar pinturas al Salón ni a exposiciones francesas de ningún tipo, promesa que mantuvo hasta 1882.

En realidad, Whistler había vivido principalmente en Londres desde 1859 y la capital británica inspiró su segunda serie de grabados, la serie del Támesis, publicada en 1871 como una serie de dieciséis láminas. Compuesta por escenas de la vida industrial en torno al río, algunas de las composiciones representaban almacenes y puentes, mientras que otras se centraban en los trabajadores: confesó el artista no haber encontrado nunca un tema tan difícil. Una de las láminas, con dos barqueros anónimos fumando largas pipas de arcilla, supuestamente se inspiró en el pub The Angel, que aún se conserva en Bermondsey Wall East
En el otro extremo del espectro, Whistler diseñaba grandiosos proyectos con exquisitos esquemas decorativos, entre ellos Armonía en Azul y Oro: El Salón del Pavo Real, para la casa en Kensington del magnate naviero Frederick Leyland. El encargo original consistía en crear el esquema decorativo para el vestíbulo y la escalera de cinco pisos del número 49 de Prince’s Gate, sin embargo, esta propuesta inicial quedó eclipsada por el esplendor que Whistler alcanzó en el Salón del Pavo Real, un comedor profusamente pintado en azul y oro y decorado con pavos reales.
De la década de 1870 también datan sus célebres Nocturnos, que exploraban una visión más brumosa y evocadora de Londres a oscuras. Inicialmente los denominó “luces de luna”, pero fue Whistler el primero en aplicar el término nocturno a la pintura y el grabado, apropiándose de un concepto del ámbito musical, donde ese término alude a una composición melódica y tranquila con cierta melancolía. Inspirándose en una escuela tonalista de pintores en Estados Unidos, no tardó en señalar en una carta a su amigo Walter Greaves: Mira, imagina que vieras a cualquier otro artista pintando mis luces de luna; ¡qué molesto te sentirías! Verás, yo las inventé; nunca antes se habían pintado en la historia del arte.
La inauguración de la Grosvenor Gallery en Bond Street, en 1877, ofreció un espacio de exposición para esas nuevas pinturas experimentales de Whistler y un hogar para el incipiente Movimiento Esteticista, que defendía la sensualidad y la noción del arte por el arte. La Grosvenor sería, más tarde, el escenario de una de las batallas legales más famosas que el mundo del arte haya generado, después de que John Ruskin publicara un panfleto señalando las “excentricidades” de estos pintores: Whistler demandó al crítico por difamación y ganó, aunque su indemnización fue miserable y su reputación se hundió.
Para alejarse de presiones y polémicas, entre 1879 y 1880 el pintor escapó a Venecia, donde creó dos series de grabados. Permaneció allí durante catorce meses, produciendo un volumen de obra mucho mayor del previsto. Aún así, su serie de obra gráfica más compleja y refinada estaría dedicada a Ámsterdam. Viajó allí junto a su esposa entonces, Beatrice Godwin, también artista y recientemente viuda del arquitecto Edward Godwin.
En sus últimos años, Whistler se dedicó brevemente a la enseñanza en su efímera escuela de arte, la Académie Carmen, que abrió sus puertas sólo durante tres años, de 1898 a 1901. Entre sus alumnos se encontraron la retratista galesa Gwen John y varios artistas impresionistas y postimpresionistas estadounidenses formados en París, como Frederic Clay Bartlett y Alice Pike Barney. Pese a su breve duración, Whistler transmitió gran parte de su conocimiento a sus ayudantes a lo largo de su carrera y muchos de ellos se convirtieron en artistas de renombre, como Mortimer Menpes y Walter Sickert. La huella de su legado puede rastrearse también en la fotografía pictorialista.
Este verano, la Tate Britain ofrecerá la mayor retrospectiva de este autor global en Europa en tres décadas. Contará con 150 pinturas, dibujos, grabados y diseños, desde el célebre retrato de su madre hasta una notable colección de aquellos nocturnos y cuadernos de bocetos inéditos. También revelará cómo el pintor creó sus etéreas visiones de la vida moderna: el público descubrirá a un artista experimental y cosmopolita que revolucionó la sociedad victoriana en su búsqueda de la verdad, la belleza y la innovación.

La exposición se abrirá con una sala inspirada en su estudio. Se reunirán cuatro importantes autorretratos, incluyendo El artista en su estudio (1865-1866), así como dos extraordinarios retratos de cuerpo entero de la también pintora Maud Franklin. Las veremos junto a objetos que Whistler coleccionó: cerámicas de Asia Oriental, grabados japoneses y muebles diseñados por él mismo; veremos igualmente su caballete, paleta y pinceles.
Se exhibirán públicamente por primera vez sus primeros cuadernos de dibujo y podremos reevaluar sus grabados de la vida moderna junto con sus primeras pinturas al óleo del natural, retratos de amigos y el autorretrato Whistler fumando (1856-1860), que permanecía inédito desde su muerte.
Contemplaremos sus primeros y más importantes paisajes, como Costa de Bretaña (1861) y Wapping (1860-1864), así como interiores domésticos por los que obtuvo el reconocimiento de la crítica. En un préstamo histórico al Reino Unido, veremos ese icónico Arreglo en blanco y negro: Retrato de la madre del pintor (1871), parte de un triunfal tríptico familiar integrado también por Arreglo en gris: Retrato del pintor (1872) y Retrato del Dr. William McNeill Whistler (1871-1873), de su hermano.
Whistler sostenía que “la naturaleza rara vez acierta” y creía que el verdadero artista inventa su propia armonía de color y líneas; en esa búsqueda se sumió siempre.
La exposición concluirá con ejemplos asombrosos de sus retratos de cuerpo entero, retocados y reelaborados repetidamente hasta que se volvieron casi fantasmales, desde el misterioso Retrato de Lady Archibald Campbell de 1883 hasta Oro y Marrón: Autorretrato, de inspiración Rembrandt, datado unos quince años después.


James McNeill Whistler
Millbank
SW1P 4RG
Londres
Del 21 de mayo al 27 de septiembre de 2026
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