Mar. Abr 21st, 2026

Alfonso Albacete en Fernández-Braso, pintura para el pensamiento

Alfonso Albacte. Pintura de Campo VIII-Puerta al río, 2024

Madrid,

Se formó como arquitecto, pero Alfonso Albacete se convirtió en los setenta y los ochenta en uno de los mayores representantes de las innovaciones introducidas en la práctica de la pintura española, en una andadura más o menos pareja a la seguida por Pérez Villalta, también de su generación.

Una de sus piezas emblemáticas entre las más tempranas es En el estudio (1979), hoy en los fondos de la Fundación Juan March, en la que conjugaba figuración y abstracción al abordar un único motivo, el de su taller, que, a su vez, absorbía otros tres géneros de la pintura: la figura, la naturaleza muerta y los interiores. Desde entonces y hasta ahora, este autor de Antequera ha desplegado y profundizado en aquella experiencia, inventando modos distintos del hecho concreto de pintar como ejercicio propiciatorio de ideas.

Su primera muestra en la Galería Fernández-Braso de Madrid acaba de abrir sus puertas, bajo el título de “Pintura de campo”, y consta de una treintena de trabajos muy recientes, fechados en los últimos dos años, en los que el artista ha convocado, en torno al patio de un cortijo ligado a su biografía y sus memorias, a algunos de sus referentes pasados y recientes, desde Fra Angelico y Brueghel a Pollock y De Kooning, pasando por Sorolla, Miró o José Guerrero.

A veces las alusiones a estas figuras son muy evidentes y otras no tanto, y quedarán bañadas por una iluminación clara y levantina o mucho más tenue en relación con los claroscuros del barroco andaluz que conoce bien. Esas luces distintas se proyectan sobre motivos recurrentes en su trayectoria que replantea conjugando tiempos: espacios que componen instalaciones o juegos de espejos, puertas y ventanas, el estudio como lugar donde todo puede nacer y el tiempo discurre impasible.

De esta exposición forma parte Puerta al río, primera composición en la que Albacete se ha decidido a incluir la reproducción de la obra de otro autor, De Kooning y su pieza del mismo título, de un modo tan natural y orgánico que apenas funciona como cita: el artista habla más bien de retrato de familia. De manera parecida, en Dado lleva a su terreno las tonalidades que ofrecía la mirilla de Étant Donnés de Duchamp.

Alfonso Albacte. Pintura de Campo VIII-Puerta al río, 2024
Alfonso Albacte. Pintura de Campo VIII-Puerta al río, 2024

La serie Barroco andaluz, entretanto, nació pensando en Nacho Criado, que como él creó tanto a partir de la observación de la pintura barroca, sus trampantojos y veladuras. El pasaje de esta región a veces nos resulta más patente y a veces menos, y el mismo título de Ajustes en las composiciones responde al que utilizó aquel. Este conjunto ya se presentó en la última edición de ARCOmadrid.

Una de las piezas en la muestra donde se hace más evidente la formación arquitectónica de Albacete es Lugar, ese patio de cortijo del que empezábamos hablando, entre cuyas puertas todo puede suceder en la pintura del malagueño. Aunque a ese tema, el de las puetas, llegó en un primer momento por su carácter simbólico (de ecos barrocos), paulatinamente le fue sirviendo para sumar a su producción sus referentes, como vimos en Puerta al río; en esa línea, en Tranca, nos presenta un travesaño planteado con drippings en el que la abstracción comienza donde empieza el suelo. Allí donde se pinta, parece querer decir Albacete, todo es aventura: el pigmento gotea, se pisa y se esparce más allá de la idea previa (siempre presente).

Más de una vez (Apeos) ese azar se contrapone al orden de lo construido por mano humana, evocando la teoría de los fractales -la geometría que se repite en la naturaleza-, pero también, y sobre todo, la base lineal de las creaciones con banderas o números de Jasper Johns y los dibujos de capiteles mejicanos o hindús de Frank Stella.

Alfonso Albacete. Pintura de Campo XI, 2025
Alfonso Albacete. Pintura de Campo XI, 2025
Alfonso Albacete. Pintura de Campo V, 2026
Alfonso Albacete. Pintura de Campo V, 2026

Para Albacete la pintura no es sólo un medio de plasmar asuntos concretos o inquietudes en torno al modo de representarlos, sino una fuente de “ingredientes para el pensamiento”. Por eso algunas cobijan varios tiempos y luces e incorporan mitología, como la compleja Ífito-Cuatro pinturas de agua, con numerosos planos distintos e incluso una representación de la sección áurea a modo de concha de nautilus, que podría corresponderse a su vez con la nuca del espectador. “El cuadro va más allá de la idea que lo forjó”.

En dos tiempos, sobre una tela anterior, está realizado Judith/Salomé, con una mesa-bodegón con la cabeza cortada del Bautista, un cuadro de viaje y una danza en la que los siete velos se identifican con los colores primarios, secundarios y el negro: asistimos al desenlace de los acontecimientos en forma de batalla de luces.

Y su Anunciación es también un cuadro dentro de otro cuadro; Albacete abordó la obra maestra de Fra Angelico atraído por el contraste entre la naturaleza y la arquitectura, lo medible y lo incontrolado. Una golondrina, aparentemente mero espectador, vertebra el conjunto de la coreografía, y los rostros blanco de Adán y Eva encarnan todas las caras y ninguna.

Alfonso Albacete. Pintura antigua/Virgo, 2025
Alfonso Albacete. Pintura antigua/Virgo, 2025

 

 

Alfonso Albacete. “Pintura de campo”

GALERÍA FERNÁNDEZ-BRASO

C/ Villanueva, 30

Madrid

Del 16 de abril al 13 de junio de 2026

 

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